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ANDRÉS ALBORNOZ: De la escuela del metal criollo para el mundo.

Por @LaRockdriguez

Un planeta tan gigante como el nuestro merece ser explorado hasta su más mínimo detalle. Sería equívoco darle un significado universal al rock o generalizar la razón del gusto por éste género musical. No pienso darle matiz específico. Tanto metaleros, punkeros como aquellos que pregonan amar el “rocksito suave” han experimentado bajo ‘x’ tonalidad de sonidos experiencias únicas, suficientes para moldear sueños, metas o forjar profesionales por accidente.

Factor Metal
quiere abrir un espacio adicional a personajes que han dado su esfuerzo a sincronizar el latido de sus corazones con la responsabilidad de crear o plasmar música a su máximo nivel. Cabe aclarar que no buscamos vender el ego de quiénes aquí serán narrados, sólo queremos aprovechar nuestro canal para contar historias que en un futuro muy cercano puedan inspirar o sembrar esperanza en quienes nos siguen.

Érase una vez un chico inquieto, que sacaban de varios colegios y en donde el mar era su conexión natural. La naturaleza le exclamaba en sus primeros años la rosa poesía de la fuerza y el sudor. No era el más nerdo de su clase pero su cerebro evolucionó de manera llamativa para las matemáticas de labrar la tierra. Sus primeros camellos fueron inventariando cosechas. No es invento ni es para que suene música de Tu Voz Stereo, la historia de éste muchacho es coqueta y muy fina…tan fina como Pogotá o como aquel metal que nunca muere sino que simplemente agoniza.

Su santa familia lo bautizó como Andrés Albornoz y así como suena su voz, es su físico y de paso su talento que años atrás crecía de manera empírica. La Colombia de los ochenta olfateaba en pequeñas dosis el significado de hacer un evento de gran masividad. Conocer el mundo incluía ausencias significativas. La espera por recibir un poco de arte del extranjero se limitaba a unos cuantos discos o cassettes compartidos. Las primeras formas de viralización se daban si alguien viajaba a Estados Unidos y traía un disco y a su vez con una grabadora se generaba una copia acá. Era un reto, una sorpresa, tenía mística escuchar música.

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Al mismo tiempo las herramientas florecían para replicar modelos vieja escuela y creer un poco que nuestro país también podía forjar rock & roll, que podíamos ser gestores de una leyenda que traspasara fronteras y que cualquier tarima fuese espejo de una realidad expresada a gritos de ultratumba.

Frente a éste panorama Albornoz y un selectivo ‘parche’ se dejaban contagiar por brillos, agudos e históricos guturales de la fría Bogotá. El rebusque se convertía en un ingrediente adicional en los procesos de identidad personal y ser rockero pero promover la sana convivencia era posicionar una huella que sólo adquiriría un valor extremo con el paso de los años.

En las más recientes versiones de Rock al Parque, varios personajes fueron reconocidos con una especie de diploma o certificación. Un papel que sólo obtuvieron quiénes vieron el enano rockero crecer. Andrés estuvo dentro de ellos. En su juventud su fortaleza innata fue canalizada en una comunidad que llamaba al orden. Eran conocidos como ‘Fuerza de Paz’ y de éste selecto grupo salieron los capítulos básicos de hacer música en vivo.

Foto: Agradecimiento por parte de Idartes por su aporte al crecimiento del Festival Rock al Parque
Foto: Agradecimiento por parte de Idartes por su aporte al crecimiento del Festival Rock al Parque

Ofrecer un buen espectáculo en nuestros tiempos es una maratón apoteósica. Poner luces, sonido, cables y demás elementos tienen su lógica pero en el país del sagrado corazón jamás hubo una escuela registrada que enseñara cómo transformar un espacio cualquiera en un circuito de emociones y coros intensos.

Fue entonces cuando aquella ‘Fuerza de Paz’ daría unos frutos en carne y hueso que nunca necesitaron puntajes altos de ICFES, ni préstamos abritrarios del ICETEX, ni beca alguna para abrir la mente hacia el conocimiento de las alturas, la electricidad, la física del sonido o la dinámica de la luz. El ‘empezar desde abajo’ hizo parte de una ‘universidad de shows’ al estilo Harvard, en donde Andrés sería un alumno que se graduaría con honores.

El aprendizaje se daba por medio del intercambio. De cambiar oro por espejos a canjear sabiduría por emprendimiento. El rock marcó un hito exclusivo. En las primeras oleadas de conciertos internacionales, la gama de instrucciones se ampliaba y palabras como ‘rider list’, ‘roadie’, ‘cateting’, ‘drum tech’ entre muchas otras pertenecientes al argot técnico de los conciertos hicieron su gala y de paso se catequizaron como nuevas profesiones de decenas de personas en la época.

Foto: Andrés Albornoz (2do de der a izq) y algunos integrantes de ‘Fuerza de Paz’ en sus comienzos.
Foto: Andrés Albornoz (2do de der a izq) y algunos integrantes de ‘Fuerza de Paz’ en sus comienzos.

Para Albornoz el disfrutar y velar un concierto de Agony o poguear y separar peleas en un Simón Bolívar y lucir un distintivo de ‘Fuerza de Paz’, marcaron su futuro al igual que un sinfín de experiencias, entre esas una que vivió junto al líder de la banda norteamericana Megadeth: Dave Mustaine.

Foto: Megadeth durante su primera visita a Colombia. (Fotografía extraída de un diario reconocido a nivel nacional)
´Foto: Megadeth durante su primera visita a Colombia. (Fotografía extraída de un diario reconocido a nivel nacional)

Slayer, Alanis Morriset, Deftones, The Cranberries, Iron Maiden junto a otros espectáculos, sincronizaron su pasado y su misión, elevando su nivel competitivo, ubicándolo entre los equipos de producción más destacados del país. El joven que veía un escenario como monstruo gigante terminaría liderando al mismo con cautela, precisión e inteligencia. Su perseverancia lo llevaría a tocar nubes del cielo pero siempre con los pies en la tierra.

Foto: Andrés Albornoz durante la producción de Iron Maiden en su primera visita a Colombia
Foto: Andrés Albornoz durante la producción de Iron Maiden en su primera visita a Colombia
Foto: Público con sed de Slayer en su primera visita a Bogotá
Foto: Público con sed de Slayer en su primera visita a Bogotá

Y aunque sobrevivir y evolucionar conlleva cambios, la esencia no se pierde. Gracias al metal, a la convivencia rockera, al sudor de tantos años, los buenos retos estaban por venir y fue cuando ‘Fuerza Bruta’ fijó sus ojos en Andrés, convocándolo a girar por el mundo como ‘stage manager’ de la compañía teatral Argentina.

Ver Trailer de Fuerza Bruta:

Dentro de sus anhelos quisiera ver un país con mejores condiciones para quienes trabajan en producción de eventos, buscando la forma de legalizar a quiénes trabajan con honestidad y en donde se pudiera profesionalizar los sitios (venues) y agentes activos (promotores, comunicadores, técnicos, entre otros) que protagonizan la constante cadena de conciertos en Colombia.

Actualmente se desempeña como ‘stage/production manager’ del artista Marc Anthony.

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Record de Empresas:
Evenpro Colombia (Move Concerts), PCH Enteratinment INC, Dragon Might LLC, Lassu Inc, entre otras destacadas.

Agradecimiento a: Andrés Albornoz, Megadeth Colombia Fan Club

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