Por: Juan Fernando Parra C. @cualquierhijodevecina
[Chat personal del 17 de marzo de 2026]En un planeta silenciado por la censura y el miedo, entiendo que el silencio no es ausencia de sonido, sino una enfermedad política. Para mí, el mundo actual es un territorio enfermo a causa de la peor de las pestes, el silencio… que cultiva la parálisis social. Ante este diagnóstico, mi práctica sonora surge del ruido como el único antídoto posible.
En Colombia, también el noise es un género de nicho y Leonardo ha sabido ser Leal con ello. En el país, la tradición noisera va y viene, aunque de unos años para acá comienzan a figurar producciones y artistas que han comenzado a ocupar un lugar en el espacio mediático independiente. Así, desde diversas orillas, producciones de rock–metal–, punk, jazz, Oi!, música electrónica, entre otras, van tributando a lo que ya es una línea de producción musical, de otras nuevas músicas colombianas.
Para los entendidos, agrupaciones, discos, lecturas cruzadas que incorporan las mediaciones a las que han estado dispuestos estos músicos quienes, decididamente, se han indefinido, dejaron de serlo en un sentido convencional y se presentan ahora como creadores a caballo entre los músicos que son algunos de ellos y los ingenieros, artistas e intérpretes autodidactas, otros tantos, de manera que para quien asume la reseña de una producción novel como esta, se hace necesario reconocer su buen nivel y proceder a desgranarla brevemente, porque, a la larga, y en eso seremos insistentes… el resto es noise.
En el perfil de la plataforma de reproducción de música en streaming, los primeros siete resultados de la búsqueda “Leonardo Leal” corresponden a producción de Leonardo.
Aparecen en orden, el perfil del artista seguido de Polvo, un álbum; Bruma (Décollage Sónico), otro álbum; Nervio (Intolerancia al Silencio), un sencillo; Tornado (Fatiga Crónica – Deficiencia Vitamina D), otro sencillo; Germen (Original Motion Picture Soundtrack) [Remastered]; y Nervio (Intolerancia al Silencio), esta vez como canción. Ya con este preámbulo, el reseñista puede remangarse las escuchaderas y poner en manos del lector una escucha del noise de Leonardo Leal, en adelante LL,
{Clip de Germen (2022)}
De 2022, Germen (…), es la entrada más vieja en el archivo de LL. Once minutos y medio de noise atmosférico, aeroespacial, de registro sonoro de una nave nodriza que se mueve por el vacío del espacio hasta que, pasados los 4 minutos, se interrumpe su curso, como si algo fallara y el movimiento se cortara. Pitidos sostenidos que se suman a chirridos que remiten a electricidades en conflicto y de las que emerge al final una ecología sonora que recupera las atmósferas del inicio e introduce vida biológica con el silbido de aves que son sepultados por la nave que vuelve a moverse y se aleja desapareciendo del foco de una escucha que recobra una tersa sonoridad en la que tonos, más bien, síntesis armónicas van anunciando el final de lo que se viene a ser una obra que se propuso exaltar lo maquinal por medio de la introducción de un loop definitivamente mecánico, en el que vuelve la voz del propio LL.
[Chat personal del 17 de marzo de 2026]Me alejo de la armonía complaciente para abrazar la identidad del ruidista. Utilizo el espectro sonoro para denunciar, incomodar y, sobre todo, para despertar la escucha crítica. En mi universo acústico, el sonido es una entidad física deseada para romper la frágil membrana de la censura.
{Clip de Punto cero (2025)}
El quinto corte de Polvo, álbum de 2025, se titula Punto cero y da pie al reseñista para aventurar el que puede ser el hilo que cruza toda una discografía y toda la reseña, el review. Se podría pensar que LL ha encontrado en las sonoridades maquínicas una referencia desde donde sentar una posición y mostrarse como ruidista–noiser–en su versión más politizada, pues la máquina no brinda sonoridades dignas de ser escuchadas, por lo menos menos en su normalidad acústica, sonidos que produce la operación del aparato sin pretensiones estéticas, de lo cual se trataría un presunto punto cero de moderna epistemología en la propuesta de LL.
Entonces, cuando la máquina es sustraída del Desierto de lo Real, guiño al pensamiento provocador de Slavoj Žižek que da título al primer corte de Polvo, se produce un doble nacimiento. Por un lado, el de las sonoridades que adquieren una vocación estética y, por otro, la del ruidista Leonardo Leal, para quien no es posible, aun, escapar a la codificación de un repertorio completamente artificial en los términos de la sonoridad biológica, pues–dice–, «hay una acústica del grito», en la que se vale de tres acciones básicas, «el gruñido, la escucha de lo invisible y el bullicio necesario».
{Clip de Desierto de lo Real (2025)}
No hay una oda a la máquina en la línea de un futurismo generoso con el artilugio moderno por excelencia. Automática, mecánica y electrificada. Sus arritmias impredecibles son explotadas por LL encadenando secuencias de ruidos que buscan hacer de lo impersonal e inhumano de la máquina todo lo contrario y de la producción de Leal una obra en proceso, pues, a juicio del reseñista, es en esos devaneos por lo que atinaría en llamar acústicas de una maquinalidad electrónica, donde se halla lo más sólido de su propuesta sonora.
[Chat personal del 17 de marzo de 2026]Para mí, el arte sonoro es un acto de insurgencia. No busco que el espectador simplemente oiga, sino que sea sacudido por el estruendo de lo real. Mi obra es una insistencia vibratoria: hacer ruido hasta que el mundo aprenda a escuchar.
Llegado este punto hay un resto en esta producción que merece y reclama posteriores y diversas escuchas. Un resto que remite a otra producción–merecedora de otra reseña–, a la que se vuelve para quitarle su nombre, Ruina, e insinuar, muy de pasada, una virtud poética en la que ya es una obra de años, la cual ha dejado tras de sí vestigios como aquellos que han alimentado su creación. Así, desde Germen, y pasando por Bruma para llegar a Polvo, el resto de la máquina es el que con precisión y oficio va dando forma y sentido a cada corte.
{Clip de Fiasco Financiero (2025)}
Claro, no hay un manifiesto en pro o en contra de la máquina, más bien, LL trata de sentar un precedente al referirse al ver en el resto de la máquina el mundo al que su irrupción y generalización ha dado lugar. Es el mundo que palpita al ritmo del tecleo de una máquina de escribir–se diría con Vilém Flusser–y del que caen sonidos que aquí son emulados con el fin de rehacer la escucha y dar paso al noise, aparentemente, camino a una redención acústica del mundo en decadencia del que ironizan y preconizan los títulos de los cortes, temas u opúsculos de una obra para nada mayor, pues cada uno encarna los temores y hastíos de Leal, un Leonardo abrumado por la realidad apresada por el progreso y sus delirios de control y grandeza.
Entonces, Alex Ross, el crítico musical estadounidense, tituló su volumen de crítica musical del siglo XX, The Rest is Noise, traducido como El ruido eterno, pero con la idea de mantener viva la fonética shakespereana, el resto y lo que viene a ser, ocupan el espacio de la crítica que se hace necesaria para entrar en este universo de perillas y recortes para los que no hay una comunión oyente como la que a fuerza de presión y oferta desbordada se ha logrado para la música popular, puntal y referencia de la escucha contemporánea masiva, por lo que todas aquellas sonoridades al margen del cancionero, género con particulares identidades e historias, por lo que al reconocer en el noise un resto, se entiende que ya no solo se destaca su potencial recuperador del desecho sonoro, del
ruido que pende de una realidad de sonoridades atiborradas e inconscientes, pues, ya no es que sean piedras las que lleva un río que suena, son las fuentes que provocan los sonidos lo que realmente importa. Las semánticas sonoras no son de interés para quien escucha, sino aquello a lo que remite la reproducción del sonido, porque ante la primacía del significado en el encuentro con lo sonoro, la forma sonora es reproducida más que producida, pues el escucha recuerda lo que escuchó, antes que dejarse llevar por un acto de escucha del que podría surgir un oyente o viscerversa.
{Clip de Desear (Mundos Distintos) Empezar desde el Principio (2025)}
En la obra de Leonardo Leal están contenidos todos los reclamos de ampliación del espectro de escucha, porque no hay escucha politizada, pero sí una escucha alienada. Su creación de sonidos en una era de máquinas que suenan como máquinas y máquinas que ayudan a rehacer los sonidos que provocan las máquinas que suenan como máquinas, es una de las lecturas posibles de una labor provocadora, que incita a la crítica y algo que pareciera no ser competencia de quienes podrían declararse oyentes y/o escuchas de profesión: escuchar como acto emancipatorio. Esto ¿qué significa?, y a qué impele a la que, ante todo, debería ser una comunidad escuchante y oyente, u oyente y escuchante. No se sabe qué de esotérico podría haber en el camino a la emancipación, pero se sabe que no hay un destino emancipado, sino una refundación, a la que refiere Leal, ya no LL, como el atisbo de esperanza tras una descarga de realidad tan pesada y tan brutal que al creador no le queda otra posibilidad…
The rest is silence… musitó Hamlet tras ser acuchillado por Laertes, al final de la icónica obra de Shakespeare. El resto es noise… como si al final de la escucha convencional persistieran nuevas sonoridades y, seguramente, otros silencios… ya se verá, o ya se oirá.





