En el metal, cambiar de sonido puede ser una apuesta arriesgada: algunos seguidores esperan que una banda repita aquello que la hizo conocida, mientras otros desean que explore nuevos territorios. Opeth ha convivido con esa tensión desde hace años y la ha convertido en una de sus principales fortalezas.
Formada en Suecia en 1990, la agrupación desarrolló una trayectoria en la que el death metal, el rock progresivo y las influencias clásicas no aparecen como etapas aisladas, sino como elementos que se cruzan de diferentes maneras a lo largo de su discografía.
En sus primeros trabajos, Opeth se acercó con fuerza al metal extremo. Las voces guturales, los riffs oscuros y las composiciones extensas establecieron una base que luego sería transformada, no descartada. Con el paso del tiempo, Åkerfeldt amplió el espacio para las guitarras acústicas, los teclados y las melodías limpias. El cambio se hizo especialmente evidente en Damnation, un disco que se apartó de la agresividad para concentrarse en la atmósfera y la introspección. Esa decisión demostró que la identidad de Opeth no dependía de mantener siempre el mismo nivel de dureza
Blackwater Park ocupa un lugar central porque articula muchos de los rasgos que definen a la banda: complejidad, oscuridad, melodía y contraste. En canciones como “The Drapery Falls”, el grupo construye tensión a través de secciones que se expanden y se repliegan, sin apurarse hacia un estribillo convencional. Deliverance, en cambio, enfatiza la contundencia y la fuerza rítmica. La coexistencia de estos álbumes evidencia que Opeth puede trabajar con distintas intensidades, y que sus cambios no son un abandono de su pasado, sino una conversación con él.
La evolución continuó con Ghost Reveries y Watershed, discos en los que la banda incorporó nuevos matices a su sonido progresivo. “Ghost of Perdition” se convirtió en una de sus canciones más reconocibles gracias a su combinación de riffs pesados, melodías memorables y transiciones dramáticas. En años posteriores, Opeth siguió explorando su relación con el rock progresivo y las estructuras ambiciosas, hasta llegar a The Last Will and Testament (2024).
Con 14 álbumes de estudio señalados en las fuentes consultadas, su discografía ofrece un mapa de cambios que conserva una voz propia.Los videos oficiales también ayudan a mostrar esa identidad en transformación. “Universal Truth” y “Paragraph One” figuran entre los materiales audiovisuales asociados a la banda en fuentes recientes, junto con una obra que ha utilizado imágenes y ambientes para reforzar sus relatos musicales.
En Opeth, el componente visual no es un simple complemento promocional: puede prolongar la atmósfera de una canción y acercar al público a los temas narrativos y emocionales que atraviesan sus discos.

La oportunidad de escuchar esa trayectoria en vivo llegará a Bogotá el 8 de noviembre de 2026.
El concierto será en el Royal Center, carrera 13 #66-80, bajo la producción de Páramo Presenta.
Las puertas abrirán a las 6:30 p. m. y el show está previsto para las 8:30 p. m., aunque el horario podría modificarse.
Los boletos de admisión general se venden por Ticketmaster Colombia y cuestan, con servicio incluido, $182.000, $230.000 y $288.000 según la etapa.






